En el suroccidente de Barranquilla, las escuelas de Ananda Marga cultivan desde 1986 un modelo educativo que trasciende las aulas tradicionales. Aquí, los niños aprenden matemáticas y lenguaje, pero también yoga, meditación, ecología y valores humanos. La propuesta busca formar seres integrales, capaces de cuidar su cuerpo, su mente y el entorno. Durante casi cuatro décadas, este proyecto ha sembrado generaciones con equilibrio emocional y sentido de comunidad. Su esencia es simple y profunda: enseñar que todos estamos conectados.
Hoy, este modelo de “educación del amor” empieza a inspirar a otras instituciones que quieren transformar la enseñanza desde la niñez.