El corazón no solo bombea sangre, también emite energía. Cada latido genera una corriente eléctrica que produce un campo electromagnético real, el más potente del cuerpo humano: hasta cien veces más fuerte que el del cerebro. Este campo cambia según las emociones y puede medirse con instrumentos como el magnetocardiograma, que registra variaciones en la actividad cardíaca ante distintos estados mentales y físicos. Científicos de instituciones como el HeartMath Institute y universidades analizan si ese campo podría influir en la forma en que las personas se conectan emocionalmente.
Aunque aún no hay conclusiones definitivas, el hallazgo abre nuevas rutas de investigación