La devoción al Divino Niño Jesús tiene uno de sus orígenes más conocidos en el barrio 20 de Julio de Bogotá. Allí comenzó a difundirse con fuerza en la década de 1930, cuando el sacerdote salesiano Juan del Rizzo promovió su veneración entre los fieles. Con el paso del tiempo, la imagen del Niño Jesús se convirtió en un símbolo de fe para miles de creyentes.
La devoción creció rápidamente, atrayendo peregrinos y consolidándose como una de las tradiciones religiosas más populares de la capital colombiana. Posteriormente, esta práctica espiritual trascendió fronteras y se extendió a distintos países de América Latina, donde hoy continúa siendo objeto de oración, peregrinación y profunda devoción popular.